viernes, 13 de julio de 2012

Cartas a un joven poeta


Soy de esas personas que tienen metas. Cuando pierdo la meta sufro. Es algo así como tener claro dónde invertir la energía.
Hoy 13 de julio del 2012, viernes, tengo ganas de hacer una lista de los libros que leí hasta ahora. A veces me pregunto dónde guardamos realmente toda la información que tenemos; datos como fechas direcciones números, lugares,  nombres de las cosas, desde los nombres de los huesos hasta los autores de los libros, por decir un ejemplo. 
Simultaneamente soy de esas que todo le va a parar a la pansa, siempre tengo un leve malestar, que intuyo que es como una insatisfacción constante. ¿Qué me falta? al parecer nada. Pero es así, hay un siendo que nunca logra contentarse, se parece al "me quedé con hambre" que justamente es expresión de insatisfacción. Por algo la expresión: "no gracias, estoy satisfecho". Bueno eso. Siempre queremos más. No es hambre, pero es deseo. 
Los libros se me caen de la biblioteca y me sigo comprando libros. Es algo común. Me gustan las cosas de los comunes, lo común, lo que nos une en tanto humanos buscamos experiencias. El libro tiene esa experiencia personal y común. Los libros se comparten, se comparten impresiones, sensaciones. 
Lo que me gusta de escribir es poner puntos. 
En la búsqueda de la expresión que nos queda cómoda es dónde más nos realizamos. Es como una cuestión de encontrar la medida propia para las experiencias. Aprender a metabolizar, sabiendo que lo que se va a abrir se abrir solo y no porque yo mande la flecha. 
Algo así pasa con los libros, alguien lo escribe,  y en otro lugar y en otras situaciones eso resuena. La magia de la vida, me encantan las cuestiones de "resonancia". Es como mi debilidad y mi don. 
Ahora estoy empezando Cartas a un joven poeta, y se los recomiendo a todos.
Todo se une en este punto: la experiencias de la lectura nos libera de la experiencia en carne propia, por lo menos en parte. Nos permite sensibilizarnos con otros, sin que sean esos otros con los que seguimos viviendo. Es una descarga finalmente, como muchas otras cosas, pero más cuidada, más protegida.