jueves, 28 de junio de 2012

narrados


Segundo Parcial Domiciliario   Política, nueva subjetividad y discurso.
Cátedra: Arfuch
Alumno: Ana Wagner
enfocar en alguna problemática específica. En este sentido, las consignas asumen un carácter orientador. Vale aclarar que la cuestión a abordar podrá ser exclusivamente teórica, o bien planteada desde el análisis de algún objeto/discurso/enunciado singular (de carácter artístico/político/literario/periodístico, etc.) cuya lectura e interpretación les permita desplegar e interrogar las categorías y argumentos que transitan los autores propuestos en los módulos II y III, sin renuncia a establecer relaciones con los que corresponden al primer módulo, siempre que sea pertinente.
d) Reflexione en torno a la práctica de la narración, la figura del narrador y las nociones de experiencia y memoria a partir de los elementos que en torno de estas cuestiones despliega el ensayo "El narrador", de Walter Benjamin.
El ensayo El narrador  (1936) es uno de los últimos textos de Benjamin. Podemos adelantar  que algunos de los temas que abarca son la experiencia,  la técnica,  la transmición, de la justicia. La siguiente cita me resulta un buen punto de partida para abordar el texto: “Es como si una facultad que nos parecía inalienable, la más segura entre las seguras, nos fuera arrebatada. Tal, la facultad de intercambiar experiencias.” (p.60).  Esta cita nos permite pensar en violencia. Walter Benjamin escribe este texto después de la Primera Guerra Mundial. Uno de los aspectos más destacable de su propuesta  es la conciencia de que el haber vivido una experiencia tan extrema como la guerra deja sin relato (el ejemplo son los soldados que vuelven mutilados de la guerra). ¿Es posible una experiencia de la guerra? Como bien dice Pablo Oyarzun, la pregunta fundamental que formula Benjamin en este ensayo es la pregunta por la Experiencia. “¿Qué valor tiene todo el patrimonio cultural si no le asociamos experiencia? (…) Sí, admitamoslo: esta pobreza de experiencia no es sólo pobreza en (experiencias) privadas, sino en experiencias humanas en general. Y con ello, una especie de nueva barbarie” (p.11)
Se ha reflexionado desde diversas perspectivas acerca de una supuesta crisis de la experiencia que incluso pone en entredicho la posibilidad de tal experiencia del horror. Ni la inefabilidad como atributo de la muerte ni la crisis de la experiencia, sin embargo, han detenido la producción de relatos sobre la guerra. Por un lado, la destrucción de la experiencia a mano del despliegue de la tecnología. Por el otro, si la experiencia como tal sucumbe, qué es lo que sucumbe con ella, y cuál sería su índice. En la interpretación de Oyarzun, la comunicabilidad de la experiencia refiere a formas de participación en una experiencia común, la cual no está pre-construida, sino que deviene común en la comunicación. Los sujetos se constituyen intersubjetivamente, en la constante exposición a la alteridad. Aquí podemos recordar el concepto de Iterabilidad en Derrida. Esto solo es posible en y por la comunicación y así es esencialmente un intercambio de narrativas.  Quizás los testimonios sean auténticas proyecciones imaginarias sobre el acontecimiento, o acaso las sombras del siglo todavía nos conminen a sospechar de los semblantes y a renegar del lenguaje en el lugar de lo real
El tema del lenguaje es tratado por Benjamin en otros de sus escritos, entre ellos “La tarea del traductor”. El lenguaje es una manifestación del ser, pero el ser y el lenguaje no pueden identificarse. Esta identificación es el abismo que amenaza a las teorías del lenguaje. El lenguaje es el medio por el cual la razón produce, retiene y perfecciona su obra. Es condición y producto de la razón. Benjamin realiza un movimiento de crítica al conocimiento. Todo lo que es se manifiesta; pero no todo es comunicable. Así el lenguaje es comunicación de contenidos espirituales. Asi mismo, el hecho de que haya un lenguaje verbal testifica que no es el único lenguaje. Esto es clave para Benjamin. El conocimiento es una práctica y siempre está en juego una política del conocimiento. Lo que Benjamin va a rescatar es el sentido de justicia de la narración.  La narración moldea las experiencias propias y ajenas de la vida humana.
 En el principio del ensayo El narrador retoma dos “arquetipos” de narradores arcaicos, establecidos en la Edad Media, el marino mercante y el campesino sedentario.  Como bien nos advierte Oyarzun, Benjamin incide en las formas de la historiografía, la crónica y la narración, contrastando la  primera con las dos últimas. En el ensayo que estamos releyendo se presenta al narrador como alguien que viene de muy lejos; “Cuando alguien realiza un viaje, puede contar algo” Aquí lo que da su lugar al narrador es la experiencia, su presencia testimonial. “En todos los casos, el narrador es un hombre que tiene consejo para dar al oyente. (…) El consejo es menos la respuesta a una pregunta como una propuesta concerniente a la continuación de la historia (…) Todo esto apunto a lo que está en juego en toda verdadera narración. Trae consigo, abierta u velada, su utilidad” (p.64). En este ensayo Benjamin , pone el acento en el valor de uso de las experiencias. Podríamos proponernos entonces hacer más visible  la relación de  conocimiento y experiencia con la figura del narrador.
 Con la modernidad, la alienación capitalista destruye la sociabilidad del taller de artesanos y transforma al viajero en turista. Siguiendo el desarrollo de Oyarzun, podemos ver que se diferencian y se oponen narración y novela como artesanía y técnica. “La narración (…) es también, por así decirlo, una forma artesanal de la comunicación. No se propone transmitir el puro “en sí” del asunto, como una información o un reporte. Sumerge el asunto en la vida del relator, para poder luego recuperarlo desde allí. Así, queda adherida a la narración la huella del narrador, como la huella de la mano del alfarero a la superficie de su vasija de arcilla. “(p. 71) De este modo plantea Benjamin  al narrador como un artesano y  al arte de narrar como un oficio.  Historiador, el narrador y el cronista están referidos a dimensiones de la memoria.. La narración se sirve de la memoria, que es caprichosa, no intencional, a diferencia de la novela que se sirve de la rememoración y está guiada por la intención. Los criterios de verdad son distintos. La narración deja abierto el por qué de los hechos y es más flexible . La novela ya no es un relato para ser compartido sino que es producida con expresa destinación al libro. Y está más dirigida a in-formar a los sujetos receptores, determinando su interés, que a suministrar elementos para la conducción de la vida o la orientación del mundo.  La oposición más fuerte entre narración y novela tal vez tendrá que ver con el tipo de experiencia colectiva en la primera e individual en la segunda.
¿Cuáles son las condiciones de posibilidad y estructuras que dan lugar a la práctica narrativa?
En lugar de la experiencia (abierta) la modernidad habría instalado el dominio de la información (cerrada) y reemplazado el régimen de la transmisión por el de la explicación.  “El hombre de hoy ya no trabaja en lo que es susceptible de ser abreviado. De hecho, ha logrado abreviar incluso la narración. Hemos vivido el desarrollo del short story que se ha sustraído de la tradición oral y ya no permite aquella superposición de capas delgadas y transparentes, la cual ofrece la imagen más acertada del modo y manera en que la narración perfecta emerge de la estratificación de múltiples relatos sucesivos.” (p. 73) El concepto de experiencia en Benjamín es una forma de establecer redes capilares entre textos y contextos. Sus análisis tienden estas redes capilares porque tratan el material heterogéneo como citas que se entrelazan.
El concepto de experiencia como venimos sosteniendo es un tema fundamental en Benjamin.  Sin muchas pretensiones me interesa releer la crisis del 2001 en Argentina en función
 En el 2001 en Argentina se puede observar una crisis institucional, de hegemonía y legitimidad; palpable en el estallido en la plaza de Mayo. Frente al gran colapso y crisis del 2001, Néstor Kirchner llego al poder con el 22% de los votos, votos prestados del duhaldismo y del peronismo tradicional. Frente a la sociedad fragmentada, las instituciones deterioradas, el contexto de los ciudadanos que proclamaban “que se vayan todos” Nestor Kirchner tuvo capacidad de visión y a través de una estructura de poder vertical y una forma decisionista logró salir de la crisis con el plan del ministro de economía de Duhalde, Lavagna.  El estallido responde a un descontento colectivo con las autoridades del gobierno, pero que no llegó a poner en tela de juicio al propio sistema representativo (democracia).  En el contexto de crisis de las instituciones fue la nacionalidad aquello que mantuvo vivo al pueblo argentino durante ese período de crisis y que decidió mantener a la democracia como régimen político. Ahora bien, es en este contexto de crisis y de una sociedad anómica” (tal como lo plantea Sidicaro en términos, durkheimianos) donde existía un Estado fragmentado y carente de legitimidad, que no poseía normas políticas firmes y donde los ámbitos de control del Estado carecían del peso suficiente. La sociedad se ve desestructurada por la caída de las normas políticas y por la ausencia de lazos orgánicos entre los individuos, hecho que presenta a la sociedad de la época no como un todo sino como un conjunto de partes. Lo que  caracterizaba al país era la extranjerización de la economía que fue acompañada por la privatización de empresas. Las altas tasas de interés financieras impuestas por los bancos provocaron que las PYMES no alcanzaran a pagarlas, o, las que lograron sobrevivir lo hicieron de la mano de despidos y salarios baratos. Los aumentos de los porcentajes de desocupación y los salarios devaluados fueron los protagonistas de esa época.
Es en este contexto que Néstor  Kirchner llega al poder, Sidicaro sostiene que el kirchnerismo se aprovechó de esta fragmentación social para, a través de la clase política, “fabricar” un representado imponiéndole un panorama y una visón del mundo propia de los intereses del representante. En términos de Pierre Bourdieu “se fuerza un sentido”, la fragmentación no encuentra sentidos y los individuos necesitan de él para vivir, he aquí la aparición de un líder político que dotará de sentido una sociedad que se ve carente del mismo. “el representante o portavoz crea al representado al ofrecerle criterios de visión y de (di)visión del espacio social y político, y que su prédica opera en la construcción de una actor colectivo movilizado”. Es difícil encontrar representación en la fragmentación porque no hay un colectivo. Por lo que se debe representar a cada uno en particular a partir de una figura que sirva como punto de unión. Kirchner ocupó ese punto de unión entre los lazos fragmentados de la sociedad, donde todos los fragmentos creyeron que era un buen gobernante, pero todos poseían distintos fundamentos sobre ello. Es por esto que el autor sostiene que Kirchner supo hacer política en condiciones de anomia.  El Kirchnerismo logró construir un poder que pasara los límites del partido justicialista y del mismo peronismo. Poder sentado en las bases de un universo propio y construido a través de todas las voces anómicas y proliferantes de la sociedad argentina de la época, congregando a dirigentes de procedencias ideológicas diferentes. Dejando atrás todo tipo de lógica partidista, trató de incluir en su proyecto a todo aquel que pudo. Este concepto de líder sin partido nos permite pensar en un posicionamiento político muy hábil, en tanto no busca comprometerse en la representación de ningún sector particular. Pero sin embargo “quedar bien” con todos ellos. De esta manera “el poder de Kirchner pudo extenderse porque estuvo abierto a todos los que aceptasen la apuesta presidencial, sus alianzas no reparan en ideologías ni en pasados”.
Sin entrar en un análisis sobre el kirchnerismo, me interesa rescatar la crisis del 2001 como hecho, como experiencia argentina. Y la resignificación de la nación que se fue construyendo: “gracias Nestor, tenemos patria”
“Narrar historias siempre ha sido el arte de volver a narrarlas, y éste se pierde si las historias ya no se retienen. Se pierde porque ya no se teje ni se hila mientras se les presta oído. Cuanto más olvidado de sí mismo está el que escucha, tanto más profundamente se imprime en él lo escuchado.” (p.71) Así podemos leer que la potencia de la narración se apoya en valorar, recuperar, darle espacio a aquello que está a punto de perderse, lo inolvidable. Estas palabras de Benjamin cobran sentido en este contexto Argentino si vemos a la nación a punto de perderse, hasta que no tanto por las condiciones objetivas (si bien la economía empezó su proceso de recuperación rápidamente)  sino más bien por la recuperación del relato de los argentinos, de la historia argentina. Enseguida las políticas por los derechos humanos, recuperar la historia, resignificarla. Uno de los pilares del kirchnerismo con los que pocos pueden oponerse
Tambien la creación de la otredad: creó un enemigo íntimo. Enemigo al que no solo le dedicará gran parte de sus discursos (“¿Qué te pasa clarín, estas nervioso?”) y de su accionar político. En el análisis de Sidicaro, con la creación de este enemigo, busco obtener consenso público, generando a partir de este consenso hegemonía e identidad.  Nuevamente, en términos de Bourdieu, crea representados.  Este enemigo tiene la pecularidad de ser medio de información.  La disputa por el relato se vuelve más visible.
Dice Benjamin que el arte de narrar estriba en mantener una historia libre de explicaciones al paso que se la relata.  Con la propagación de la información, pareciera que el arte de narrar “se ha vuelto raro”. “(La información) sólo vive en ese instante, tiene que entregarse totalmente a él sin perder tiempo. Distintamente la narración; ella no se desgasta. Mantiene su fuerza acumulada, y es capaz de desplegarse aún después de largo tiempo.”(p.69) La noticia debe ser verosímil y viene siempre ya con su explicación. La narración suscita preguntas, está abierta a interrogantes.

... 

 En el texto Benjamin y la deconstrucción, Jorge Panisi expone: “La modernidad implica este pensar dentro de espacios culturales que están regidos por la nación, por el territorio lingüístico y político abarcado por la nación. Pensar estas casi naturalizadas identidades, sin convertir a la lengua en una totalidad trascendente.Pensar el entre es poner un pie hacia el exterior, hacia la traducción, sin abandonar la morada lingüística. Pensar de este modo, en la suposición del arraigo que el pensamiento mantiene con el recinto lingüístico implica la posibilidad de una expansión. En los presupuestos de los nacionalismos están las pretensiones a la universalidad, a una expansión universal. La filosofía es ese discurso que se expande con pretensiones de universalidad, pero su afán está contenido por el destino de la lengua que no le acaece como si fuese un accidente inesencial: traducir es una operación que atañe a la presencia del otro: la otra lengua, la otra cultura, el otro pensamiento y la relación con lo otro. Incluso la traducción en los límites de una misma lengua deja vislumbrar la sombra de lo otro. Cuando hablamos una lengua la experiencia de la traducción instala la comodidad y la incomodidad simultáneas de una no coincidencia perpetua con el sentido. Una forma de la traducción.”
La desaparición del arte de narrar conjuntamente con la elusión del rostro de la muerte (“El morir, en el curso de la época moderna, es expulsado mas y más fuera del mundo perceptivo de los vivos”) imposibilita que la sabiduría adquiera una forma transmisible. La muerte existe y signa todo lo viviente.  “La muerte es la sanción de todo lo que el narrador puede referir”. A los ojos de Oyarzun, si en la novela la muerte no es sólo el sello, sino la condición de sentido de la vida que –sin embargo- se perfila evasivo en la rememoración, en el arte de narrar ella es la instancia de  un recuerdo insondable.  El cronista persiste algo suyo en el relato.
En lugar de la experiencia (abierta) la modernidad habría instalado el dominio de la información (cerrada) y reemplazado el régimen de la transmisión por el de la explicación.  “El hombre de hoy ya no trabaja en lo que es susceptible de ser abreviado. De hecho, ha logrado abreviar incluso la narración. Hemos vivido el desarrollo del short story que se ha sustraído de la tradición oral y ya no permite aquella superposición de capas delgadas y transparentes, la cual ofrece la imagen más acertada del modo y manera en que la narración perfecta emerge de la estratificación de múltiples relatos sucesivos.” (p. 73) El concepto de experiencia en Benjamín es una forma de establecer redes capilares entre textos y contextos. Sus análisis tienden estas redes capilares porque tratan el material heterogéneo como citas que se entrelazan. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Relato del viaje en el miércoles feriado

Mi feriado fantástico empezó así: El gran y hermosisimo Jhonny Deep, el que no tiene defectos, se separó. 
Faltan 4 minutos para las 8:00 a.m. Asi que tengo un gran día por delante. Algo de sol ya veo. 
El viaje me inspiró muchísimo. Estoy reincorporandome a la rutina en Buenos Aires. Sentí una libertad allá y una ausencia de prejuicios al caminar que quiero resguardar para mi vida aquí. En mi top de museos que conocí estan el de HundertWasser en Viena, el Museo de la música y el castillo Belvedere donde estaba la muestra de Klimt por los 150 años. En Berlín mi top fueron Postdam, el campo de Concentración y el Museo Pérgamo. Pero Berlín fue mucho más que museos, fue mucha vida, mucha vitalidad, mucha juventud. Expansión, vivencia. "Berlín se comió toda la cultura" sentí en un momento. Ayer charlabamos sobre la transformación que hicieron los alemanes, de transformar su sombra - más allá de que hoy los lidera Merkel -  Hay mucha educación para la conciencia de lo que fueron los campos de concentración y exterminio, del significado de la 2º Guerra Mundial. 
También me divertí a lo loco en Berlín, conocí cualquier cantidad de bares para el tiempo que estuve, calidad y cantidad de beer. Conocí muy bien el transporte, un lujo. Viernes y sabado toda la noche. Creo que llegué a caminar por el 70% de los barrios de Berlín. No me faltó el amor tampoco. 
En el Mercado turco pude comrpar los regalos a mis amiguis, y unas zapas a 4 euros que usé bastante en el resto de los días de viaje. Llegué a Buenos Aires con 3 grados. No da. Pero aca estamos. Buenos Aires es una gran ciudad, inmensa y con gran variedad cultural. 
En Amsterdam el clima no nos acompaño, pero la fiesta no me la perdí. Fui a una gran fiesta ilegal con mi amigo holandes, que me llevó en su bici, sin duda lo más emocionante. Ahí me ofrecieron como 5 drogas, que no acepté, solo probé los globos, algo muy llamativo. Se drogaban con globos que vendían en la barra a 3 euros. Nada que valga la pena a mi parecer, pero a ellos se los veía bien convencidos inhalando globos. En fin, experiencias. Al día siguiente fuimos a una clase de Body Combat, elemento sorpresa. Formaba parte de la rutina de los domingos de los que nos alojaban, en su preciosa casa de 3 pisos.  Y después de un riquísimo almuerzo fuimos a caminar al parque, donde el solsito se dejaba ver un poco más. 
Llegamos a Austria en tren. Pasamos un día en Innsbruck, ciudad del esquí. Una montañas preciosas y unas construcciones edilicias bien distintas a las nuestras, más como las que uno ve en películas, de siglos atrás. Y así en todo Austria. Una monarquía que dejó sus huellas, bien visibles. En Viena había una suerte de arco de triunfo con las insignias de Francisco emperador I siglo XIV. De lo más imponente que ví.
De lo 1º que hicimos en Viena fue visitar la casa del doctor Sigmund Freud, quien vivía a dos cuadras de lo de mi abuela Eli. También fuimos a sacarnos una fotito a allí. Fuerte, raro. Tampoco tanto. Y después de algunos palacios y museos también tuve mis ratos de juventud con un amigo de la facu vienés. Fuimos a ver el partido Alemania-Holanda a un bar el miércoles a la noche, donde tomamos algo y adivinamos el resultado del partido!! así que nuestra recompensa fueron más tragos, una suerte de licor de pera y de ciruela. 
Ahora estoy acá, en mi 5to día en Buenos Aires. Tengo las imágenes bien frescas. Entre dudas vitales y banalidad twitteras, continúo la rutina que tengo armada. La vuelta al trabajo y a la facultad, que en algún punto son formas de expansión también.  

martes, 19 de junio de 2012

Get out now!!

Así intentaron hechar del bondi al muchacho que no quería pagar el boleto... No lo consiguieron.

domingo, 17 de junio de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Derrida entregado


Primer Parcial Domiciliario   Política, nueva subjetividad y discurso.
Cátedra: Arfuch
Alumno: Ana Wagner
En una reflexión argumentada en función de las problemáticas y discusiones planteadas hasta aquí en la bibliografía y en las clases teórico/prácticas, comente sintéticamente alguno de los siguientes pasajes, desplegando los conceptos y relaciones que considere pertinentes:

3. "Toda escritura debe, pues, para ser lo que es, poder funcionar en la ausencia radical de todo destinatario empíricamente determinado en general. Y esta ausencia no es una modificación continua de la presencia, es una ruptura de presencia, la `muerte´ o la posibilidad de la `muerte´ del destinatario inscrita en la estructura de la marca". [...] "Lo que vale para el destinatario, vale también por las mismas razones para el emisor o el receptor. Escribir es producir una marca que constituirá una especie de máquina productora a su vez, que mi futura desaparición no impedirá que siga funcionando y dando, dándose a leer y a reescribir".
En principio lo que transmite Derrida es la que la escritura trasciende al autor ya que cada lectura hará de lo escrito otro texto. La función de la escritura supone su legibilidad. El código no necesita del autor. Todo código es la condición de posibilidad de sentido, a la vez que condición de imposibilidad, la posibilidad del fracaso. La iterabilidad (otro), ligada a la repetición, estructura la marca de escritura misma.  Resultan esclarecedoras las palabras de Bajtin: “…todo hablante es de por si un contestatario, en mayor o menor medida: él no es un primer hablante, quien haya interrumpido por vez primera el eterno silencio del universo, y él no únicamente presupone la existencia del sistema de la lengua que utiliza, sino que cuenta con la presencia de ciertos enunciados anteriores, suyos y ajenos, con las cuales su enunciado determinado establece toda suerte de relaciones”[1]. No podemos acercarnos a estos autores sin resaltar la teoría de la otredad y la concepción de un sujeto relacional.  Entender a la escritura como representación le permite a Derrida introducir el concepto de ausencia: la representación suple la presencia, y no como ruptura de la presencia, sino como reparación y modificación continua. Aparece  el marcar como representar, como hacer presente y en este sentido repara esa ausencia.   “Una estructura que no fuese estructuralmente legible-reiterable- más allá de la muerte del destinatario no sería una escritura. Esto implica que no hay código de iterabilidad que sea estructuralmente secreto. La posibilidad de repetir, y en consecuencia, de identificar las marcas está implícita en todo código, hace de este una clave comunicable, transmisible, descifrable, repetible por un tercero, por tanto por todo usuario posible en general. (…)” (p. 356, 367). Aquí queda planteada la teoría de la recepción, en tanto que es la lectura lo que actualiza el texto y queda instaurada una relación.
El valor que toma la ausencia para Derrida tiene que ver con una ruptura en la homogeneidad del sistema que venía planteado por las tradiciones filosóficas.  También influenciado por la teoría lacaniana, incluye al inconsciente como constitutivo del ser humano. La identidad entonces no puede ser entendida en términos de unidad.  La ausencia puede ser de sentido, de la intención, del total control del emisor de lo que quiso decir, ausencia de autoría también. Es la ausencia de referente lo que construye la marca; “El signo nace al mismo tiempo que la imaginación y la memoria, en el momento en que es exigido por la ausencia del objeto en la percepción presente”(p.354). De aquí se desprende el concepto de analogía, el cual asegura las continuidades. Un signo escrito, como marca que permanece, da lugar a la repetición y a la vez siempre tiene la posibilidad de ser sacado de su contexto. El autor  introduce aquí el concepto de fuerza de ruptura, el cual es la estructura misma de la iterabilidad de lo escrito: “dada una estructura de iteración, la intención que anima la iteración no estará nunca presente totalmente a sí misma y a su contenido. La iteración que la estructura a priori introduce ahí una dehiscencia y una rotura esenciales” (p.168). Todo  signo escrito tiene las mismas chances de funcionar como  de ser sacado del encadenamiento en el que está tomado. Es por esto que descarta las condiciones de felicidad,  diferenciándose de Austin. Derrida pone el énfasis sobre el contexto, valorándolo por sobre el texto: “ningún contexto puede cerrarse sobre él” (p.358) e instala la idea de acontecimiento. Sobre este punto entabla una crítica al planteo de Austin, va a decir que el concepto de contexto sufre una “incertidumbre teórica”.
El código es la posibilidad y la imposibilidad de la escritura, concluye Derrida, que tampoco puede cerrarse sobre su iterabilidad esencial o primera “Es algo propio de la estructura de posibilidad del enunciado el poder formarse y poder funcionar como referencia vacía o separada de su referente. Sin esta posibilidad, que es también la iterabilidad general, generable y generalizadora de toda marca, no habría enunciado” (p. 360) Todo signo puede ser citado y así romper con el contexto dado, engendrar nuevos conceptos al infinito de manera absolutamente no saturable. Esta apertura a los efectos de sentido da lugar al concepto de diseminación. Este está sumamente ligado a que hay espacio – tiempo entre cada repetición. Este espaciamiento es el surgimiento de la marca. Queda planteado el lenguaje como una suerte de Foso.
Vale la aclaración que Derrida no propone oponer enunciados citacionales y enunciados-acontecimientos singulares por el otro. En este punto polemiza con lo expuesto por Austín, y ofrece que se tratará de diferentes tipos de marcas o de cadenas de marcas iterables.  Pregunta ¿qué es un éxito cuando la posibilidad de fracaso continúa constituyendo su estructura? Como ya se ha dicho, la intención que anima la iteración no estará nunca presente totalmente a sí misma y a su contenido.  Me parece que la mención a la muerte en  la cita primera alude a esta última pregunta, la posibilidad del fracaso presente en todo enunciado. De modo que concluye que hay una ausencia esencial de la intención de la actualidad del enunciado, que asimismo impide toda saturación de contexto.  Lo mismo respecto a la identidad, que en el caso de la firma se ejemplifica, “para funcionar, para ser legible, una firma debe poseer una forma repetible, iterable, imitable: debe poder desprenderse de la intención presente y singular de su producción. Es su mismidad lo que, alterando su identidad y su singularidad, divide el sello.” (p.371) Pareciera pertinente entonces  mencionar  que el libro en el cual Derrida inscribe este texto es Márgenes de la filosofía. Podríamos ver en el margen un espacio extra-límite que se extiende siempre en los bordes, o más allá de ellos. Me parece que el concepto de diseminación está muy relacionado con este lugar del margen, como lugar de apertura y negando en todo caso la posibilidad de un desciframiento hermenéutico, la clarificación de un sentido o una verdad. “Cada concepto pertenece a una cadena sistemática y constituye él mismo un sistema de predicados. (…) son estos predicados cuya fuerza de generalidad, de generalización y de generatividad se encuentra liberada, injertada sobre un “nuevo” concepto de escritura que corresponde a lo que siempre ha resistido a la vieja organización de fuerzas dominantes que organizaba la jerarquía logocéntrica” (p.371, 372).
 Derrida va a sostener que asistimos a un despliegue histórico cada vez más poderoso  de una escritura general, de la cual el sistema del habla, de la consciencia, del sentido, de la presencia, de la verdad, etc. son un efecto y analizables en cuanto efectos.
Si la muerte representa el límite de la presencia, no termina de funcionar tampoco como límite último. A través de la firma alguien “es” incluso después de muerto, es lo que queda de la identidad. La escritura vuelve a aparecer como trascendente.


[1]Bajtin, M. “El problema de los géneros discursivos” en Estética de la creación verbal, México, Siglo XXI, varias ediciones. Pág. 258.

martes, 8 de mayo de 2012

Actualización Derrida, Firma acontecimiento contexto en Márgenes de la filosofía


En una reflexión argumentada en función de las problemáticas y discusiones planteadas hasta aquí en la bibliografía y en las clases teórico/prácticas, comente sintéticamente alguno de los siguientes pasajes, desplegando los conceptos y relaciones que considere pertinentes:

3. "Toda escritura debe, pues, para ser lo que es, poder funcionar en la ausencia radical de todo destinatario empíricamente determinado en general. Y esta ausencia no es una modificación continua de la presencia, es una ruptura de presencia, la `muerte´ o la posibilidad de la `muerte´ del destinatario inscrita en la estructura de la marca". [...] "Lo que vale para el destinatario, vale también por las mismas razones para el emisor o el receptor. Escribir es producir una marca que constituirá una especie de máquina productora a su vez, que mi futura desaparición no impedirá que siga funcionando y dando, dándose a leer y a reescribir".
En principio lo que transmite Derrida es la que la escritura trasciende al autor ya que cada lectura hará de lo escrito otro texto. Entender a la escritura como representación le permite introducir el concepto de ausencia: la representación suple la presencia, y no como ruptura de la presencia, sino como reparación y modificación contínua. La función de la escritura supone su legibilidad. El código no necesita del autor. Todo código es la condición de posibilidad de sentido, a la vez que condición de imposibilidad, la posibilidad del fracaso. Esta itirabilidad (otro), ligada a la repetición, estructura la marca de escritura misma. Marcar como representar, como hacer presente y en este sentido repara esa ausencia.   “Una estructura que no fuese estructuralmente legible-reiterable- más allá de la muerte del destinatario no sería una escritura. Esto implica que no hay código de iterabilidad que sea estructuralmente secreto. La posibilidad de repetir, y en consecuencia, de identificar las marcas está implícita en todo código, hace de este una clave comunicable, transmisible, descifrable, repetible por un tercero, por tanto por todo usuario posible en general. (…)” (p. 356, 367).
El valor que toma la ausencia para Derrida tiene que ver con una ruptura en la homogeneidad del sistema; la ausencia puede ser de sentido, de la inteción, del total control del emisor de lo que quiso decir, ausencia de autoría también. “El signo nace al mismo tiempo que la imaginación y la memoria, en el momento en que es exigido por la ausencia del objeto en la percepción presente”(p.354). Aquí aparece el concepto de analogía, el cual asegura las continuidades. Un signo escrito, como marca que permanece, da lugar a la repetición y a la vez siempre tiene la posibilidad de ser sacado de su contexto. Derrida introduce aquí el concepto de fuerza de ruptura, el cual es la estructura misma de lo escrito y de su iterabilidad. Tiene la misma chances de funcionar como  de ser sacado del encadenamiento en el que está tomado. Derrida pone el énfasis sobre el contexto, valorando más el contexto que el texto.  “ningún contexto puede cerrarse sobre él” (p.358). El código es la posibilidad y la imposibilidad de la escritura, concluye Derrida, que tampoco puede cerrarse sobre su iterabilidad esencial o primera. La ausencia de referente construye la marca; “Es algo propio de la estructura de posibilidad del enunciado el poder formarse y poder funcionar como referencia vacía o separada de su referente. Sin esta posibilidad, que es también la iterabilidad general, generable y generalizadora de toda marca, no habría enunciado” (p. 360)
Todo signo puede ser citado y así romper con el contexto dado, engendrar nuevos conceptos al infinito de manera absolutamente no saturable. Esta apertura a los efectos de sentido da lugar al concepto de diseminación. Esta está sumamente ligada a que hay espacio – tiempo entre cada repetición. Este espaciamiento es el surgimiento de la marca. Queda planteado el lenguaje como una suerte de Foso.
Vale la aclaración que Derrida no propone oponer enunciados citacionales y enunciados-acontecimientos singulares por el otro, En este punto polemiza con lo expuesto por Austín, y ofrece que se tratará de diferentes tipos de marcas o de cadenas de marcas iterables.  Pregunta ¿qué es un éxito cuando la posibilidad de fracaso continúa constituyendo su estructura? La intención que anima la iteración no estará nunca presente totalmente a sí misma y a su contenido.  De modo que concluye que hay una ausencia esencial de la intención de la actualidad del enunciado, que asimismo impide toda saturación de contexto. €
La muerte es otro tema que aparece en la cita, que representa el límite de la presencia. La escritura vuelve a aparecer como trascendente. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Derrida en #FSOC

Sí tuviera un perro lo sacaría a pasear en este momento, pero me conformo con regar las plantas y escribir mi parcial domiciliario. La cita es:  "Toda escritura debe, pues, para ser lo que es, poder funcionar en la ausencia radical de todo destinatario empíricamente determinado en general. Y esta ausencia no es una modificación continua de la presencia, es una ruptura de presencia, la `muerte´ o la posibilidad de la `muerte´ del destinatario inscrita en la estructura de la marca". [...] "Lo que vale para el destinatario, vale también por las mismas razones para el emisor o el receptor. Escribir es producir una marca que constituirá una especie de máquina productora a su vez, que mi futura desaparición no impedirá que siga funcionando y dando, dándose a leer y a reescribir".

Es mucho Derrida para mi solita, pero vale la pena hacer el intento.  La consigna es: En una reflexión argumentada comente sintéticamente la cita desplegando los conceptos y relaciones que le resulten pertinentes
Un poco amplia pero bueno, hay que aprender a convivir con la libertad, es un gran recurso.